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- Sobre la empatía en el aula -

Actualizado: 20 abr 2021


Sabemos que la empatía, la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de celebrar su alegría o de sufrir su dolor, es una facultad que forma parte de la naturaleza humana. Sin ella, entre otras razones, no hubiera sido posible la supervivencia de la especie, dado que este sentimiento, que nos permite identificarnos con el otro, sustenta la necesidad de pertenencia a un grupo, la sociabilidad que caracteriza al ser humano y que, por medio de la cooperación, nos ha permitido salir airosos de situaciones a las que de ningún modo podríamos haber sobrevivido de manera individual.

Esta capacidad empática ya puede vislumbrarse en la infancia, dado que, prácticamente desde el nacimiento, los bebés se muestran perturbados al oír el llanto de otros bebés, e incluso, algunos niños y niñas muy pequeños presentan muestras de preocupación solidaria con otras personas o con otros animales, aun antes de tomar consciencia de su propia individualidad como seres humanos. Es común observar a un niño que reacciona con llanto al observar las lágrimas de otro niño.

Sin embargo, es una evidencia que en la sociedad capitalista y consumista en la que vivimos, se impulsan los principios de individualidad, competitividad y ambición, como fundamento de nuestros propósitos de vida y de nuestra conducta. Nuestros alumnos y alumnas interiorizan estos rasgos, dado que, inevitablemente, son un producto de su cultura y de la educación que ésta, directa o indirectamente, le proporciona.

Por ello no es de extrañar que sean muchas las situaciones cotidianas que se producen en el aula, en las que la empatía brilla por su ausencia, con el consecuente surgimiento de conflictos y enfrentamientos, que pueden colorear la actividad docente de un tinte irascible e incómodo.



Uno de los principales problemas que acarrea la falta de empatía y que se erige como uno de los contratiempos más graves que se dan en el ámbito de la educación es el del bullying, el abuso continuo e insistente hacia una víctima, que sin ningún tipo de apoyo ni sostén, sufre la intimidación de otro compañero o compañeros.

Ante esta situación, resulta de vital relevancia la realización de actividades en el aula que promuevan la empatía y la conciencia de que, lejos de ser seres individuales, desconectados de otras personas y de la naturaleza que nos envuelve, formamos parte de un entramado interconectado en el que, de alguna manera, cualquier acción que realicemos, sea buena o mala, repercutirá en los otros, e inevitablemente, su efectos acabarán también por proyectarse en nosotros mismos.

Con el propósito de fomentar actitudes que promuevan valores como la unión, el compañerismo, la tolerancia y la solidaridad, los profesores debemos proponer dinámicas escolares que les permitan interiorizar estos valores. Se trata de una inversión que, con esfuerzo y perseverancia, permitirá que en el futuro, estos niños y niñas convertidos en adultos, construyan una sociedad más justa, sensible, cooperativa y constructiva, desde todas las perspectivas.






Para trabajar en el aula:


1. Los post-it empáticos:


Una dinámica que podemos llevar a cabo en clase, con el objetivo de promover la empatía entre los compañeros consiste en escribir en tantos post-it como alumnos haya en el aula, mensajes de diferente índole, que de alguna manera inviten a realizar algún tipo de acción en los compañeros, y que ésta, de algún modo, implique una repercusión emocional al alumno que porte el post-it en cuestión.


Algunos ejemplos de los mensajes serían: “Ignórame”, “ Dame un abrazo”, “Mírame con desprecio”, “Cuéntame un chiste”, “Sonríeme”, “Empújame”, “Dime cuál crees que es mi mayor virtud”…


Sin dar ningún tipo de instrucción ni información sobre el desarrollo de la actividad a los alumnos, el profesor colocará a los niños en fila india, y sin que vean el contenido del post-it, se les pegará, de modo aleatorio, uno a cada uno en la frente.


Sin dar más indicaciones se les dejará interactuar durante un rato. Este experimento social permite que de una manera directa y personal, y no solo a través de una explicación teórica, los chicos experimenten en su propia piel lo que puede sentir cualquier compañero al recibir el afecto o el desprecio constante, por parte de su grupo de iguales.


Al finalizar la actividad, se puede invitar a la clase a que compartan los sentimientos que han experimentado, si se sentían cómodos en la actividad, o si por el contrario, querían que finalizase cuanto antes. Una reflexión conjunta nos puede conducir a tomar consciencia de la importancia de percibir los sentimientos, pensamientos y emociones de otra persona, para poder alcanzar una convivencia más fraternal y humana, y para fomentar la unión y el espíritu de grupo en el aula.


2. “Pensando en los demás”:

Una segunda propuesta para trabajar la empatía en el aula, vendría de la mano de la visualización de un documental premiado en diversas ocasiones, titulado “Pensando en los demás” ( https://youtu.be/yNjSC6MI51E ). En él se puede observar cómo se desarrolla un curso escolar en la escuela primaria Minami Kodatsuno, en Kanasawa (Japón), de la mano del señor Kanamori, un maestro que, con una excelente inteligencia emocional, proporciona a sus alumnos las herramientas necesarias para que puedan resolver sus conflictos y afrontar los obstáculos de la vida desde el amor, el diálogo, la honestidad, y por supuesto, desde la empatía.


Tras la visualización del documental es interesante compartir con los alumnos qué semejanzas y diferencias aprecian con respecto a su propia educación, y qué elementos consideran que sería apropiado incorporar en nuestro sistema educativo, haciendo hincapié en la necesidad de comprender al compañero, de promover la colaboración, el atruismo, el amor, la ayuda y la preocupación por los demás, y de alcanzar la propia felicidad, proporcionando dicha a los demás y generando armonía y alianza con los otros.


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