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- Sobre cómo meterte a los adolescentes en el bolsillo -

Actualizado: 5 mar 2021

Pese a lo que algunos puedan pensar, los adolescentes de hoy en día son individuos con valores y principios morales, preocupados por el bienestar de los demás, agradecidos por los regalos que les brinda la vida, interesados en labrarse un futuro del que sentirse orgullosos e involucrados en la labor que supone hacer de ésta una sociedad mejor. Pero el camino no está libre de obstáculos a superar, y en muchas ocasiones los adultos debemos ser la brújula que les oriente, el faro que ilumine su sendero y el refugio que les proporcione seguridad.



Quizás haya llegado el momento de asumir tan valiosa responsabilidad, por lo que debemos transmitirles, con nuestro ejemplo y con nuestras palabras, valentía, honestidad y empatía, y dedicarles nuestro bien más preciado, un tiempo de calidad con el que pongamos a su disposición una atención plena. Debemos esforzarnos por no dejarnos arrastrar por las prisas y la impaciencia, por saborear el momento presente en cada una de las pequeñas acciones cotidianas que nos regala el día a día, para que también ellos puedan parar, respirar profundo, y saborear cada paso del camino con conciencia y agradecimiento. Aprovechemos la ocasión para proporcionarles herramientas que les permitan gestionar sus frustraciones y sus miedos, y medios para que puedan proyectar y emprender planes con los que puedan acceder a sus objetivos y sueños.


Concedámosles los instrumentos necesarios para adquirir equilibrio emocional, autoestima y autonomía. Permitámosles madurar a su ritmo, sin exigirles que se amolden a un cánon intelectual establecido, y que liberen esa individualidad que es, precisamente, la que engrandece al ser humano. Os invito a que les escuchéis, prestándoles toda vuestra atención, sin menospreciar cualquier preocupación que de un modo u otro puedan afectarles. Hemos de tener presente la evidencia de que el joven de hoy en día no es el mismo que de hace treinta años, pero tampoco hay que olvidar que, en su esencia más profunda, sus necesidades son exactamente las mismas, solo ha cambiado el envoltorio. Aunque la peonza haya sido sustituída por el móvil y las canicas por la Play Station, los niños continúan buscando ser tratados con respeto, sentirse reforzados con la aprobación de los adultos, ser escuchados (es lo que más reclaman) y sentirse valorados por su grupo de iguales. Sin embargo, los valores han cambiado, así como el rol que ejerce tanto el niño como el adulto, y la relación que se establece entre ambos.


En este contexto, debemos buscar los medios y modificar aquellos elementos que han quedado obsoletos y desfasados, para contribuir a crear individuos que por encima de todo se sientan queridos y valorados, y que puedan desarrollar el sentido de la honestidad, el respeto y la tolerancia. Podemos concederles el regalo de comprender que las equivocaciones y los errores están inscritos en nuestra naturaleza, que la magia de cada ser vivo radica en su capacidad de usar cada traspiés como un impulso para seguir adelante, y que cada desacierto es la oportunidad de un nuevo aprendizaje. Cada día es una nueva aventura y cada nueva aventura puede ser aprovechada para crecer, abrir la mente, explorar, descubrir y obtener nuevas enseñanzas. Si deseas meterte a un adolescente en el bolsillo, tres son las claves que, como maestros, deberíamos tener siempre presentes a la hora de educar:


1. Escucharles. Desde una posición activa, mostrando un sincero interés por aquellas pequeñas cosas que les gusta compartir con nosotros, y que al final, es lo que les convierten en los individuos singulares que son. Además debe ser una escucha que se sustente en la confianza, de modo que sientan que no van a ser juzgados. Todos los alumnos, incluyendo aquellos más sigilosos que a menudo pasan desapercibidos, desean sentirse comprendidos e importantes. Los profes jugamos un papel excepcional y somos mucho más influyentes en la autopercepción que desarrolla un niño de lo que pensamos. Esforcémosnos por ser partícipes de sus universos personales.


2. Darles amor. Probablemente ésta sea la más importante de las claves. No importa cuán desquiciante pueda resultar el comportamiento y la actitud de un adolescente rebelde en un mal día. He descubierto en mi propia experiencia que no hay arma más infalible para tratar con un niño desafiante y conflictivo que el uso de palabras de comprensión y amor, capaces de desubicar y desmontar al alumno más furioso. No podemos ponernos a su altura en un momento de disputa, a fin de cuentas, ellos son solo niños, y se supone que nosotros hemos de ser los adultos cuyo comportamiento les ha de servir de referencia. Abracemos con palabras llenas de ternura y afecto al adolescente más enfurecido y nos sorprenderemos de su respuesta. En algunos casos, responderán positivamente de manera instantánea, en otros, será nuestra responsabilidad llevar a cabo un trabajo forjado a fuego lento a lo largo de meses, y quizás años. La paciencia será otro de los principales recursos que debemos llevar siempre en el bolsillo.


3. Recurrir al sentido del humor, ese gran olvidado en los serios contextos académicos. No hay lenguaje más universal y que genere más complicidad que la risa. Incorporémosla con naturalidad en nuestro quehacer diario. Pocas cosas me han aportado tanta felicidad como esos momentos en los que en mitad de una explicación, sea por la razón que sea, media clase comienza a reirse a carcajadas y tú misma has de interrumpir tu exposición porque empiezan a saltarte lagrimones de la risa. Ni siquiera es necesario que la razón de dicho paréntesis en el devenir del proceso de enseñanza sea fruto de un comentario locuaz e inteligente. Cualquier sandez puede convertirse en la excusa perfecta para generar esa cálida atmósfera de complicidad que proporciona la risa compartida, y que además nos permite liberarnos del estrés y de la ansiedad, los archienemigos de nuestra era. Los adolescentes se sienten fascinados por el uso del sarcasmo y la ironía (sobre todo cuando aún no te conocen y no saben si les estás hablando en serio o no), y por alguna extraña razón establecen una afinidad y un vínculo más estrecho contigo cuando les tomas el pelo (siempre sin recurrir al mal gusto ni a las faltas de respeto). Muchas son las estrategias que pueden seguir para utilizar el humor en su actividad docente. Presupongo que no todos los maestros se sienten cómodos en el rol de profesor “bufón”, si bien es cierto que en ocasiones, por estrés o cansancio, se convierte un método infalible a la hora de captar la atención del alumnado, pero estoy convencida de que todos los profesores tienen un modo singular y excepcional de mostrar su cara más amable y simpática en el contexto escolar. Desarrollen sus capacidades humorísticas, involucrando siempre al alumnado desde el respeto y la buena intención. Que el ingenio y la alegría se conviertan en las herramientas que te permitan establecer invulnerables lazos afectivos con tus estudiantes.

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